La producción pesquera de Cuba se redujo más de la mitad entre 2020 y 2024, una caída que ha limitado todavía más el acceso de la población a un alimento que durante décadas formó parte de la dieta de numerosas familias.
Según un análisis del Food Monitor Program basado en estadísticas oficiales, la captura bruta de pescados y mariscos pasó de 46.386,5 toneladas en 2020 a 22.330,6 toneladas en 2024. La producción de pescado específicamente disminuyó de 35.148,8 a 18.064,7 toneladas durante ese mismo período.
Los datos reflejan una contracción en diferentes especies. En 2024, Cuba produjo apenas 220,2 toneladas de pargo, 317,2 toneladas de túnidos, 24 toneladas de bonito, 49,5 toneladas de rabirrubia y 480,2 toneladas de raya.
La situación también afecta a productos considerados de mayor valor comercial. La producción de langosta descendió de 4.224,8 toneladas en 2022 a 2.016,3 toneladas en 2024. Más pronunciada fue la caída del camarón de mar, cuya producción pasó de 426 toneladas en 2023 a solo 4,6 toneladas un año después.
La acuicultura tampoco ha logrado compensar la reducción de las capturas. La producción de tilapia disminuyó de 2.153,7 toneladas en 2020 a 790,3 en 2024, mientras que la de claria se desplomó de 4.428,3 a 329,1 toneladas. La tenca fue una de las excepciones, con 10.442,4 toneladas registradas en 2024.
El Food Monitor Program advierte que este deterioro productivo repercute directamente en los consumidores. El pescado, que anteriormente podía formar parte habitual de la alimentación de muchas familias, se ha convertido para numerosos cubanos en un producto difícil de conseguir y cuyo precio resulta elevado en los mercados privados e informales.
A la reducción de las capturas se suman problemas relacionados con el transporte, la conservación y la distribución. La escasez de combustible, hielo y sistemas de refrigeración, agravada por los frecuentes apagones, dificulta mantener los productos pesqueros en condiciones adecuadas y llevarlos hasta los consumidores.
El sector también enfrenta dificultades para disponer de embarcaciones, motores, combustible y otros recursos necesarios para desarrollar la actividad pesquera.
La menor disponibilidad de pescado tiene además implicaciones nutricionales, debido a que este alimento constituye una fuente importante de proteínas, ácidos grasos omega-3, vitaminas y minerales.
De esta manera, Cuba enfrenta una situación paradójica: pese a contar con miles de kilómetros de costas y amplios recursos marítimos, la producción pesquera ha disminuido considerablemente y el acceso de la población al pescado se ha vuelto cada vez más limitado.
Fuente: Infobae
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