La Habana hace algo que nunca antes hizo: modifica su discurso sobre la posibilidad de incorporar a un tercero en las conversaciones con Washington. El viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío dijo que Cuba no descartaría recurrir a un mediador, mientras los contactos con la administración de Donald Trump continúan en medio de fuertes diferencias y sin avances públicos concretos.
La diplomacia cubana acaba de introducir una posibilidad que hasta hace pocos meses no formaba parte de su discurso público: la participación de un tercero para facilitar el diálogo con Estados Unidos.
La señal fue dada por el viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío, quien durante una entrevista con Bloomberg en Nueva York fue preguntado directamente sobre la posibilidad de recurrir a un mediador. Su respuesta fue clara: Cuba “no lo descartaría”.
El funcionario, no obstante, hizo una precisión. Según explicó, La Habana y Washington tampoco necesitan necesariamente de un tercero cuya única función sea sentar a las dos partes en una misma mesa.
La declaración adquiere relevancia porque la posición pública cubana había sido hasta ahora que los contactos con Washington podían desarrollarse directamente.
Durante junio, la vicecanciller cubana Josefina Vidal había explicado que las conversaciones con Estados Unidos se estaban produciendo mediante contactos directos entre ambos gobiernos. En aquel momento, otros países habían expresado su disposición a ayudar a facilitar un acercamiento, pero La Habana no presentaba la intervención de un mediador como una necesidad. Ahora, Fernández de Cossío deja abierta esa posibilidad.
Esto no significa que Cuba haya solicitado formalmente una mediación, ni que Washington y La Habana hayan escogido a un país para desempeñar ese papel. Tampoco existe, por el momento, un anuncio de que vaya a celebrarse una negociación tripartita.
Lo que cambia es el mensaje público: La Habana ya no cierra la puerta a que un tercero pueda intervenir si las circunstancias lo hacen necesario.
Uno de los países que anteriormente había mostrado disposición a ayudar fue Panamá. Su Gobierno llegó a plantear la posibilidad de que el país centroamericano sirviera como espacio para facilitar contactos entre Cuba y Estados Unidos.
Sin embargo, hay una diferencia importante entre ofrecer un lugar para una reunión, facilitar un contacto y actuar como mediador formal. No son necesariamente la misma función.
Por eso, la declaración del vicecanciller cubano no debe interpretarse como una confirmación de que Panamá vaya a asumir ese papel. La posibilidad de una mediación aparece en un momento especialmente complejo de las relaciones bilaterales.
Durante la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a lanzar fuertes críticas contra el Gobierno cubano y afirmó que su administración estaba ejerciendo una presión considerable sobre la Isla.
Trump también señaló públicamente la participación del secretario de Estado Marco Rubio en la política hacia Cuba. La delegación cubana abandonó la sala durante parte del discurso del mandatario estadounidense en protesta por sus declaraciones.
Al día siguiente, Rubio afirmó que Washington estaba dispuesto a conversar con La Habana sobre un eventual cambio político en Cuba. Así, mientras Washington mantiene una postura de fuerte presión sobre el Gobierno cubano, La Habana reconoce que continúan existiendo canales de comunicación.
Fernández de Cossío también aprovechó su entrevista con Bloomberg para defender las transformaciones económicas emprendidas por el Gobierno cubano. Según el viceministro, una reducción de la presión estadounidense permitiría avanzar en los cambios económicos que La Habana está impulsando y que incluyen una mayor participación del sector privado.
El funcionario también reconoció recientemente que Cuba no puede conocer de antemano cuál será el resultado final de sus reformas económicas, aunque defendió la necesidad de implementarlas ante la situación que atraviesa el país.
Para Washington, el enfoque es diferente. Rubio ha planteado que Estados Unidos está dispuesto a conversar con La Habana sobre cambios en el Gobierno cubano, después de que Trump describiera públicamente a Cuba como un Estado fallido.
Por ahora, no hay confirmación de una mediación formal, una reunión tripartita ni un acuerdo sobre quién podría facilitar las conversaciones.
La novedad está en la posición expresada por el vicecanciller cubano: frente a una posibilidad que anteriormente La Habana consideraba innecesaria, ahora existe una respuesta diferente.
En medio de sanciones, reformas económicas, tensiones diplomáticas y mensajes cruzados entre Washington y La Habana, Cuba deja abierta una nueva vía para intentar destrabar sus contactos con Estados Unidos.
Y esa puerta, al menos públicamente, al parecer ya no está cerrada.
Fuentes: Bloomberg Law - Reuters
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