La combinación de prolongados apagones, falta de agua y deterioro de la infraestructura sanitaria está agravando las condiciones de higiene en La Habana y favoreciendo la propagación de enfermedades, según un reportaje publicado por la agencia Reuters.
La situación afecta a numerosos barrios de la capital, donde residentes aseguran que pueden permanecer días o incluso semanas sin recibir agua corriente. El problema se ha intensificado debido a las interrupciones eléctricas, que afectan el funcionamiento de las estaciones de bombeo encargadas de distribuir el agua.
Según datos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos citados en el reportaje, cerca del 90 % de la infraestructura hidráulica de La Habana depende de bombas eléctricas. Los apagones prolongados, que en algunos sectores superan las 24 horas, dificultan todavía más el abastecimiento.
El deterioro de las condiciones sanitarias ya está teniendo consecuencias sobre la población. Residentes entrevistados describieron un incremento de episodios de diarrea, fiebre y otros síntomas asociados a enfermedades infecciosas.
Una trabajadora sanitaria residente en La Habana relató que en su edificio prácticamente todos los vecinos se han enfermado. La escasez de agua obliga a algunas familias a adquirirla a vendedores callejeros o recogerla de tuberías averiadas, mientras reducen al mínimo el uso de agua para limpiar, lavar y mantener los baños.
La situación también afecta a centros de salud. Una enfermera citada en el reportaje explicó que la clínica donde trabaja, que atiende a personas afectadas por enfermedades virales, también carece de agua corriente. La falta del recurso dificulta incluso medidas básicas de higiene, como lavarse las manos entre pacientes.
El problema trasciende a La Habana. Naciones Unidas estima que alrededor de 3,5 millones de personas en Cuba, casi la mitad de la población de la isla, enfrentan actualmente dificultades para acceder al agua.
Las interrupciones eléctricas también afectan la conservación de alimentos. La falta de refrigeración durante períodos prolongados aumenta el riesgo de que productos perecederos se deterioren, mientras que la escasez de agua limita las posibilidades de mantener condiciones adecuadas de limpieza.
Las autoridades sanitarias cubanas han alertado recientemente sobre la circulación de virus, incluida una variante de hepatitis viral. En septiembre, además, una alerta sanitaria estadounidense advirtió sobre un incremento significativo de enfermedades diarreicas en Cuba y relacionó el problema con el deterioro de los sistemas de agua y energía.
La crisis está obligando a numerosas familias a modificar actividades básicas de la vida cotidiana. En algunos hogares, el agua utilizada para lavar los platos vuelve a emplearse para limpiar el suelo o descargar los sanitarios, mientras conseguir jabón y otros productos de higiene también representa una dificultad.
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