La religiosa cubana Sor Nadieska Almeida volvió a poner el foco sobre las condiciones que, según describe, están profundizando la vulnerabilidad de la población en Cuba. En un texto publicado el 28 de septiembre de 2026, denuncia problemas de salubridad, dificultades para acceder a medicamentos, agua potable y productos de aseo, así como el deterioro de la alimentación. Almeida advierte además sobre el cansancio y la desesperanza que, a su juicio, se extienden entre ciudadanos que llevan años reclamando “derechos, justicia y libertad”. Su reflexión, marcada por referencias religiosas, llama a recuperar la solidaridad y a “optar por el bien”, la verdad, la libertad y la vida.
“Llevamos tiempo” es el título escogido por Sor Nadieska Almeida, Superiora de la congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en Cuba, para una reflexión en la que vuelve a denunciar las dificultades que atraviesa la sociedad cubana. La religiosa sostiene que desde hace tiempo se vienen exponiendo “las consecuencias de tanto desastre”, mientras nuevas situaciones continúan afectando la vida cotidiana.
Entre sus principales preocupaciones menciona lo que identifica como una creciente presencia de enfermedades: “nos está acechando ahora una epidemia de dengue, hepatitis y muchos virus”. Almeida relaciona esta situación con “la insalubridad generalizada”, las dificultades para acceder a medicamentos y agua potable, la falta de artículos de aseo y “la pésima alimentación”.
La religiosa también recuerda el incendio ocurrido en la Iglesia de San Judas y San Nicolás en La Habana, y señala que existen otras parroquias donde los desechos se acumulan en los alrededores. Aunque reconoce el reciente apoyo gubernamental para la limpieza y la sustitución de la puerta del templo, afirma que “sigue siendo el silencio la respuesta para quienes sufren esas consecuencias”.
Uno de los ejes centrales de su escrito es el desgaste emocional provocado por esta realidad. Almeida habla de “una especie de resignación difícil de asimilar” y recoge la expresión “el síndrome de las manos caídas”, aclarando que no se trata de un diagnóstico médico ni de un estudio científico, sino de “una percepción de alguien que lo sufre”.
La propia religiosa reconoce haberse identificado con esa sensación de agotamiento: “he compartido mi desesperanza, mi frustración, mis cansancios al reclamar derechos, justicia y libertad para este pueblo”.
Sin embargo, su mensaje final busca alejarse de la resignación. Inspirándose en el relato bíblico de Moisés, afirma que “hoy también nosotros necesitamos que nos sostengan las manos para no dejar de rezar y vivir con confianza”.
Almeida llama finalmente a recuperar la solidaridad y sostiene: “Optemos por el bien una y otra vez. Optemos por la verdad”. También exhorta a “optar por la libertad” y “por la vida”, y pide no dejar solos a los jóvenes ni permitir que el miedo determine el futuro.
Su reflexión concluye con una invocación religiosa y una apuesta por el cambio: “Que los brazos de Dios que han sostenido esta amada isla, sigan siendo nuestra confianza para lanzarnos al hermoso reto de construir la libertad.”
Fuente: Sor Nadieska Almeida
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