Cuba exporta carbón mientras su pueblo enfrenta apagones y lo paga a precios insospechados.
En medio de una crisis energética cada vez más aguda, marcada por apagones de hasta 20 horas diarias, miles de cubanos se ven obligados a cocinar con carbón vegetal. Sin embargo, este recurso, lejos de estar disponible y accesible para la población, es destinado en gran parte a la exportación.
La Empresa Agroforestal y Coco Baracoa, ubicada en Guantánamo, informó recientemente sobre una inspección de calidad del carbón vegetal producido en la Unidad Empresarial de Base Cayo Güín, con vistas a su envío al extranjero.
Este centro también produce carbón activado a partir de madera y concha de coco, un producto con alta demanda internacional, especialmente en industrias farmacéuticas, químicas y de tratamiento de aguas.
Según las autoridades, la venta de este tipo de carbón en el mercado interno es “mínima” debido a la supuesta baja demanda, por lo que se prioriza su exportación.
Pero mientras el carbón sale del país, los cubanos luchan por conseguirlo a precios desorbitantes. En muchas provincias, un saco de carbón vegetal supera los mil pesos cubanos, una cifra inalcanzable para la mayoría de los hogares, cuyo salario promedio apenas sobrepasa los cuatro mil CUP mensuales.
La contradicción ha generado malestar entre la población, que observa cómo el Estado exporta un recurso esencial mientras escasea dentro del país. La falta de transparencia sobre los ingresos generados por estas exportaciones y el destino de los beneficios solo alimenta la frustración.
La planta productora de Baracoa, subordinada a la Extractora de Aceite de Coco, cuenta con 14 jóvenes trabajadores que también elaboran jabones a base de aceite de coco. Sin embargo, ni su producción ni sus derivados satisfacen la demanda nacional.
Frente a esta realidad, muchos cubanos recurren a métodos alternativos como la leña o cocinas solares improvisadas, soluciones que, aunque ingeniosas, no son sostenibles a largo plazo.
El gobierno continúa priorizando la obtención de divisas a través de exportaciones, mientras los ciudadanos siguen enfrentando carencias esenciales. Una decisión que, en plena crisis energética, deja al descubierto una brecha cada vez mayor entre las prioridades estatales y las necesidades urgentes del pueblo cubano.
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